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Tragedia en San Borja: un joven de 19 años muere en obra de construcción y reabre el debate sobre la seguridad laboral en el Perú

20/09/2025   Juan Astuvilca
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El sábado 13 de septiembre, un accidente en una obra de construcción en el distrito de San Borja dejó tres obreros fallecidos, entre ellos William Núñez Valladolid, un joven de apenas 19 años que llevaba menos de dos semanas trabajando. El muro de contención, una placa de concreto instalada el día anterior, colapsó durante las labores de desencofrado y terminó sepultando a los trabajadores que se encontraban en la zona.

El caso ha causado indignación no solo por la tragedia en sí, sino también por las condiciones en las que se produjo. La familia de William denunció que la empresa responsable no adoptó las medidas de seguridad adecuadas para asegurar la estructura, lo que habría provocado el desplome. Además, señalaron que durante el rescate hubo demoras significativas y que no recibieron información clara de parte de las autoridades durante varias horas, lo que aumentó el dolor y la incertidumbre.

Deficiencias en seguridad laboral

El Ministerio Público abrió una investigación para determinar si hubo negligencia empresarial o incumplimiento de las normas de seguridad. Expertos en construcción señalan que el colapso de una placa recién instalada podría deberse a fallas en la calidad del encofrado, errores en el proceso de retiro o falta de supervisión técnica. En cualquiera de los escenarios, el accidente refleja deficiencias graves en la gestión de riesgos.

El caso también reabre el debate sobre la contratación de trabajadores jóvenes e inexpertos en obras de alto riesgo. William había ingresado a la obra hacía menos de dos semanas y, según allegados, sin contar con una formación adecuada en protocolos de seguridad. Esto plantea preguntas clave: ¿qué controles existen para verificar que cada trabajador cuente con capacitación previa? ¿Se está cumpliendo la normativa que obliga a las constructoras a garantizar condiciones mínimas de seguridad?

Una problemática recurrente en el sector construcción

La construcción es uno de los sectores más peligrosos del país. Caídas, derrumbes, electrocuciones y colapsos de estructuras son accidentes frecuentes que muchas veces no reciben la atención mediática que merecen, salvo cuando dejan víctimas mortales. Pese a que existen reglamentos de seguridad y normas técnicas, su cumplimiento suele relajarse en obras medianas o pequeñas, donde la supervisión estatal es limitada.

Casos como el de San Borja recuerdan que la seguridad laboral no puede depender de la suerte. Requiere planificación, inversión, protocolos estrictos, capacitación constante y un sistema de fiscalización eficiente. Si bien la normativa peruana contempla sanciones para empresas negligentes, la realidad demuestra que la prevención aún no ocupa el lugar prioritario que debería en el sector.

Lecciones y llamados urgentes

La muerte de un joven trabajador como William no debería repetirse. Este accidente deja varias lecciones que deben traducirse en acciones concretas:

  • Supervisión técnica rigurosa: toda obra debe contar con ingenieros y especialistas que verifiquen la estabilidad de estructuras antes de retirar encofrados o elementos de soporte.

  • Capacitación obligatoria: ningún trabajador debería ingresar a una obra sin haber recibido formación básica en riesgos de construcción y uso de equipos de protección.

  • Fiscalización real y permanente: las autoridades laborales deben reforzar la inspección en obras medianas y pequeñas, donde muchas veces se flexibilizan los protocolos.

  • Responsabilidad empresarial: las constructoras deben asumir que la vida de cada trabajador depende de sus decisiones. No se trata solo de cumplir la norma, sino de construir una verdadera cultura de seguridad.

  • Transparencia en emergencias: las familias de las víctimas tienen derecho a información oportuna y clara, evitando la incertidumbre que agrava el dolor.

Reflexión final

El caso de San Borja no es un hecho aislado, sino un espejo de las carencias estructurales que arrastra el sector construcción en el Perú. Cada muerte evitable debe ser entendida como una llamada de atención para reforzar las normas, los controles y la cultura de prevención.

William Núñez Valladolid tenía apenas 19 años. Su vida recién comenzaba. Que su historia no quede como una estadística más, sino como un punto de inflexión que obligue a repensar la seguridad laboral en el país. En un sector que mueve millones y que crece cada año, el costo de no hacerlo siempre será demasiado alto: vidas que nunca debieron perderse.

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