Menos accidentes, más muertes: la paradoja que revela la siniestralidad laboral en España
En su reciente reporte semestral, el Ministerio de Trabajo y Economía Social de España ha publicado una contradicción inquietante: aunque los accidentes laborales en general muestran una ligera disminución, las muertes en el trabajo han aumentado. En los primeros seis meses de 2025, 363 trabajadores perdieron la vida en incidentes laborales —tres más que en el mismo periodo del año anterior.
Lo llamativo es que, dentro de los accidentes mortales, los ocurridos durante la jornada laboral bajaron, pero los accidentes mortales in itínere (ocurridos durante el trayecto hacia o desde el trabajo) subieron significativamente. Esto revela un punto ciego en las políticas tradicionales de seguridad laboral: el acceso y la movilidad también deben incorporarse plenamente al diseño de prevención.
Entre las causas declaradas de muerte en el trabajo destacan los infartos y derrames cerebrales, las caídas, los atrapamientos y accidentes viales. Y aunque el sector servicios suele ser el que acumula más fallecimientos, es la construcción el que muestra un crecimiento preocupante: 87 muertes en este sector, 17 más que el año pasado.
Paralelamente, los datos muestran que los accidentes con baja laboral han disminuido un 2,7 %, y los accidentes graves también caen. Pero la gravedad de los incidentes que sí ocurren es más alta: menos frecuencia, pero más letales.
Lecciones y reflexiones para otros países
Este panorama no solo es relevante para España. Para países latinoamericanos (como el Perú) es una alerta: reducir la frecuencia de accidentes no basta si los que ocurren resultan mortales. Algunas reflexiones útiles:
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Ampliar la definición de “lugar de trabajo”Las políticas de protección deben incorporar el trayecto casa-trabajo como parte integral de la seguridad laboral. Las muertes in itínere no pueden quedar fuera del radar preventivo.
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Atención especial a sectores de alto riesgoConstrucción, minería, industria pesada siguen siendo focos donde los riesgos latentes son altos. Allí es donde una omisión puede costar vidas.
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Profundizar en las causas de los eventos mortalesNo basta con contabilizar muertes: es necesario desagregar causas —fallas estructurales, salud preexistente, condiciones climáticas, respuesta de emergencia— para diseñar intervenciones efectivas.
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Fortalecer prevención de eventos extremosLas muertes no siempre vienen de accidentes frecuentes; muchas veces provienen de fallas poco previstas: sobrecargas, colapsos estructurales, incidentes de salud súbita. La prevención debe contemplar escenarios extremos, planes de contingencia, monitoreo continuo, simulacros y respuesta rápida.
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Mejorar la integración de datos y transparenciaQue las cifras sean publicadas es un paso; falta que los datos sean accesibles, auditables y sirvan para diseñar políticas locales concretas en cada sector, provincia o región.
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