“Caer desde seis metros: otra vida truncada por fallas en seguridad laboral”
Este caso expone algunas debilidades sistémicas:
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Seguridad en altura no puede delegarse sólo al operario. Protecciones colectivas, arneses de línea de vida, puntos de anclaje certificados, barandillas u otras estructuras de sostén deben estar garantizadas antes de iniciar cualquier labor en cubierta.
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Capacitación rigurosa: un trabajador joven y con poca experiencia necesita no solo capacitación teórica sino formación práctica, supervisión directa y acompañamiento.
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Supervisión y cumplimiento efectivo: que existan normas no basta; empresas, autoridades y supervisores deben asegurarse de que se apliquen, y sancionar las omisiones, sobre todo en entornos industriales o de construcción.
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Transparencia y responsabilidad institucional: la investigación debe ser profunda, pública y dispuesta a asignar responsabilidades si corresponde. No puede quedar impune el sacrificio de una vida.
Este suceso no es aislado. Las caídas en trabajos de altura son una de las causas más frecuentes de siniestralidad mortal en el mundo laboral. Que suceda en un país europeo con regulaciones de seguridad relativamente avanzadas subraya que incluso allí pueden existir fallas en la aplicación práctica.
Para el lector en el Perú, la pregunta es inevitable: ¿Cuántas tragedias similares podrían prevenirse con el fortalecimiento real de la seguridad laboral, no sólo en grandes obras, sino también en pequeñas construcciones, mantenimientos y reparaciones?
Cuando hablamos de seguridad laboral no debemos hacerlo con eufemismos: no es coste ni burocracia, es la diferencia entre la vida y la muerte. Que la memoria de este joven no sea solo una cifra más, sino un recordatorio y un impulso para exigir que trabajar no cueste vidas.